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¿Por qué los cachorros adorables pueden hacernos sentir violentos?

¿Alguna vez has visto un animal tan tierno que te dan ganas de apretarlo con fuerza?

La tierna agresión es un fenómeno muy extraño pero comprobado por científicos. Cuando vemos a un gatito adorable lo primero que nos invade es un sentimiento positivo y una abrumadora felicidad. Luego sucede algo muy extraño. El primer sentimiento coexiste con las ganas de apretar el gatito hasta la muerte. Un estudio publicado en el diario de Psychological Science (la Asociación Ciencia Psicológica) explica que esta respuesta secundaria negativa puede estar intentado contrarrestar el primer impulso positivo que está fuera de control.

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Un grupo de investigación de la Universidad de Yale estudiaron lo que ellos llaman la «tierna agresión» y dicen que ese impulso pertenece a una serie de combinaciones paradójicas de emociones positivas y negativas llamadas «expresiones dimorfas«, que incluyen también las risas nerviosas y las lágrimas de felicidad.

Las investigadoras Rebecca Gyer y Oriana Aragon de la Universidad de Yale hicieron un experimento con 109 personas en donde les pidieron que sostuvieran plástico de burbujas mientras veían imágenes de animales graciosos, tiernos o con expresiones neutras. Lo que encontraron fue que los participantes que veían imágenes de animales tiernos explotaron muchas más burbujas que los que se encontraban en los otros dos grupos.

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Otro dato interesante es que esta emoción se amplifica cuando los animales no están físicamente a nuestro alcance y lo mismo sucede con imágenes de bebés tiernos. Nos invade una emoción positiva seguida de una negativa.

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¿Pero por qué la gente querría actuar en furia ante esta explosión de felicidad? Los científicos dicen que esa emoción negativa está diseñada para sostener el bienestar inmediato de la persona. Cualquier subida de emoción utiliza energía considerable, por lo que nuestro cerebro necesita ser capaz de regular sus propias respuestas emotivas.

Así que si ves un cachorro y te dan ganas de apretarlo, no te preocupes, sólo es tu cerebro intentando no explotar.

Mira este video en el que ponen a prueba el experimento la Universidad de Yale en un programa de televisión.

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